Cómo diseñar software más rápido y ser feliz al mismo tiempo 🙃

Diseñar rápido
Diseñar rápido

Hace mucho quería contar esta historia. Bueno, más bien publicarla, porque ya se la he contado a mi familia y a mis cercanos.

Estaba esperando llegar a un equipo que me hiciera sentir “ahora es cuando”. Muchas de estas oraciones estaban acumulando tierra en un pendrive.

De consultoras a startup

Antes

Ahí estaba yo, joven, lozano, inocente y entusiasta. Imaginando la empresa ideal, la empresa de la que me gustaría ser parte. Incluso, la empresa que yo mismo podría fundar algún día, o mejor dicho cofundar.

Pasaba peleando. Un día era por un banner en el carrusel y otro porque me cambiaban de equipo de un día para otro. ¿Deprimente no? Entiendo que muchos ven así el negocio, pero eso a mí no me hacía sentido.

oso enojado

Cuando llegaba a un proyecto, me dedicaban un día para explicarme el negocio si andaba con suerte. Al día siguiente ya me estaban pidiendo mockups terminados. Claramente, diseñé muchas cosas que nunca entendí bien.

A veces, tenía una reunión con los stakeholders en donde podíamos acercarnos a lo que querían que hiciéramos. Entonces yo dibujaba. Dibujé a mano en muchos papeles para validar esos objetivos. Pero me pedían mockups, ya que era “mucho mejor, más claro”. Prefieren un dibujo que toma dos días hábiles para validar la primera iteración en vez de 15 minutos. ¿Pero somos ágiles, ah?

En esos tiempos diseñaba aplicaciones para bancos, tiendas, entre otras instituciones. Se dicen agile pero en la práctica no están dispuestos a iterar rápido.

¿Hay un link entre consultora y el falso ágil? ¿O entre consultora y el anti home office?

Me unía a una consultora y luego me enviaban a las dependencias del cliente a trabajar con un equipo de múltiples roles enfocados en un proyecto. Conocí gente muy buena que me recibió con los brazos abiertos. Los extraño ❤️

Antes de la pandemia, el home office era un simple enunciado en la oferta de trabajo publicada. Era muy mal visto siquiera mencionarlo.

Trabajé codo a codo con un puñado de excelentes líderes y demasiados jefes realmente pésimos. La gente huía por encontrar un mejor ambiente. Yo también huía. Siempre huí. Y eso que no les estoy contando lo que era trabajar en imprenta, preprensa ni agencias. Ni siquiera voy a extenderme en lo que era usar el metro o el transantiago para movilizarse.

Y ahí estaba yo, cada noche, buscando nuevos horizontes. Cada vez que postulaba a alguna startup, llegaba a la última entrevista y recibía ese email amable que dice “Gracias por tu tiempo…”. Gruñía.

gato gruñon

Creo que puedo sumar alrededor de 200 procesos de postulación así.

Si bien, comparto el miedo de que una startup en cualquier minuto pueda morir y yo quedarme sin trabajo. Es perfecto para mí, para mi modo de ser y ver la vida.

Pero antes de llegar a Chipax no sabía si era perfecto para mi forma de trabajar o la forma en la que venía haciéndolo y me había acostumbrado.

De todas maneras tomaba el riesgo. Me gusta hacer eso.

Ahora

Un día, estaba buscando trabajo. En plena cuarentena. Vi una oferta que me llamó la atención, entre varias otras.

Buscaban gente buena onda, que tendría una entrevista con el equipo para ver si había química y sería el primer diseñador a cargo de un SaaS para PYMEs.

Así que probé si yo era tan buena onda, jaja, y me postulé. Luego, solo ocurrieron milagros. Hasta lloré de la felicidad constante. ¿Me sigues?, “felicidad constante”. Celebré muchísimo, semana tras semana. Me bebí todo 🍻

Aquí, el negocio está en la gente que trabaja en la compañía. Comparten mi visión de que una empresa puede sobrevivir y sustentarse si invierte más en su gente. Inteligentes.

De mockups a fat marker

Antes

Cuando mi vida no era tan feliz, llegaba a un proyecto, a un equipo y ya me pedían mockups. Ya tenía trabajo que hacer para ayer. ¿Validar lo que diseñaba? No había tiempo.

Se supone que yo ya sabía lo que hacía, me decían. ¿Presupuesto (el recurso del tiempo) para testear o entrevistar? Ni pensarlo. No podía dedicarme a hacer mi trabajo inteligentemente porque no tenía tiempo para eso.

Es que solo era un diseñador más y la cultura UX en esos tiempos no estaba lo suficientemente compartida entre gerentes u otros roles aún. En cambio, debía servir de mockups acabados y enviar jpg’s a todo el mundo para visibilizar mi trabajo y que nadie me cuestionara semana tras semana. Horrible.

Pero ahí estaba yo, en una consultora más, en un cliente Agile más, en un ambiente de Transformación Digital más, imaginando la empresa ideal.

Mi curriculum y portfolio llegaron a estar en la versión “finalfinalahorasi”. Ya saben, sufriendo cambios una y otra vez. Mi trabajo gustaba mucho, pero no sabía por qué llegaba al final de una postulación y preferían a otra persona.

Ahora

Luego, todo cambió. Vi la oferta para Diseñador de Producto de Chipax, investigué lo que pude sobre la empresa y postulé. En menos de una semana ya estaba entrevistándome con todo el equipo con el que trabajaría si quedaba. Y quedé. Salté, grité y celebré.

Lo primero que me pidieron no fueron mockups. Sorpresa para mí.

Me pidieron que pasara dos semanas atendiendo a clientes con sus dudas y aprendiendo del software y su articulación. Quedé asombrado. Salté, grité y celebré, nuevamente. Después de ese onboarding, tuve que volver a aprender a cómo entregar soluciones de diseño pero con dibujos hechos a mano, porque eso me pedían primero.

Más sorpresa para mí y aquí ya exploté, pero de alegría.

En Chipax sucede que es más valioso para mi equipo que yo les sirva con soluciones rápidas, baratas pero efectivas.

Para eso utilizo las técnicas Fat Marker y Breadboarding para prototipos rápidos. No lo hacía hace mucho tiempo y aquí es más valioso eso que mis pixeles perfectos. Aún sigo mejorando en este aspecto.

Esto es genial. Mis compañeros ingenieros entienden mis dibujos feos (esa es la idea) y le dan vida en un instante. El diseño gráfico final y mis pixeles perfectos los puedo hacer luego de eso, cuando la funcionalidad ya está siendo creada. Es maravilloso. Diseño mucho más rápido que antes.

De Scrum a Shape Up

Antes

Cada día había que participar en una reunión completa del equipo para dar a conocer el progreso del trabajo de cada quien. 15 minutos como tope. A veces encontraba que no aportaba mucho hacer eso, pero había que seguir la metodología porque si la cuestionaba, me miraban extraño. Era joven.

nervioso

Me dediqué a leer más sobre Scrum, porque necesitaba entender el por qué lo estaba haciendo y qué otras cosas más me estaba perdiendo.

Ahí fue donde encontré muchas inconsistencias en la forma de hacer las cosas. Me daba cuenta que un diseñador no encajaba en Scrum, por más que algunos autores entregaran algunas recetas de combinar metodologías para lograrlo.

A veces probamos con que yo trabajara antes que los ingenieros. Muchas veces los ciclos de trabajo para un rol de diseño en software no encajan con los ciclos de ingeniería, porque hay varias etapas que son necesarias para entregar una definición bien hecha.

En ciertos contextos debemos dejar pasar algunas etapas para cumplir con la entrega en un ciclo rápido y cuando llega el momento en que la gente use ese pedacito de software recién diseñado, nos llegan los reclamos.

Es obvio, ya que tuve que diseñar software casi a ciegas, no tuve tiempo de validar mis supuestos, probar el flujo o alternativas, revisar la coherencia con otros flujos, entre otras cosas.

Luego de eso, debía enfocarme en otra funcionalidad y lo anterior no lo retomaba para mejorarlo en un buen período de tiempo. Así que hasta este punto ya deben sentir lo que sentía yo en esos tiempos, una inconformidad tremenda con mi trabajo.

Sabía que podía hacerlo mejor o por lo menos, bien. Solo quería hacerlo bien, pero el entorno no me lo permitía. Era un simple diseñador parte de una célula que con el tiempo va perdiendo autoridad en su propio proyecto. Además me pedían que trabajara más lento de lo que estaba acostumbrado, para que la consultoría fuera rentable.

Ahora

Hoy en Chipax ya no tengo esos malestares, porque trabajo con un equipo que cuestiona todo, igual que yo. Y lo replantea para probar otra forma de hacer las cosas de manera diferente a como lo hicimos ayer.

Nuestros líderes nos empujan a seguir haciendo eso, porque saben bien que eso es lo que trae la magia en nuestros resultados. Ahora que leo esta última oración me emociona, un poquito.

conmovido

El objetivo que debo cumplir en un ciclo de trabajo está en un documento en donde se enfoca en el problema a resolver. La solución también está declarada pero es solo una aproximación o un ejemplo, ya que la solución real la define el equipo que construye. Luego de construir disponemos de un mini ciclo para dejar de construir. Eso es increíble, porque siempre se necesita recargar energías haciendo otras cosas.

De noes a sies

Antes

Escribir esto me hace recordar cuando me pedían que propusiera cosas innovadoras, locas, creativas, diferentes y que mejorara la experiencia a niveles mágicos. Quizá mis propuestas no cumplían con todo eso a cabalidad, pero algo me acercaba. Luego de presentarlas, solo recibía “noes”:

  • Eso no, porque tiene mucho espacio en blanco y falta rellenar con algo.
  • Eso no, porque tiene muchos pasos.
  • Eso no, porque requiere de muchos clics.
  • Eso no, porque esa acción está muy escondida.
  • Eso no, porque necesitamos que lean toda esta información.
  • Eso no, porque si bien está mejor, es diferente a todo lo demás.
  • Eso no, porque se parece mucho a lo que usa esta otra aplicación.

Eran los más frecuentes, pero hay un sinfín de “noes” a los que me enfrentaba día a día.

Cuando recibía uno de éstos, me invadía una energía que me motivaba a debatir y persuadir. Luego canalicé esa energía y la convertí en ganas de educar y enseñar (otros le llaman “evangelizar”).

Es que en estos miedos hay mucho desconocimiento y mitos que como diseñador debo seguir derribando con pruebas. Tuve que explicar muchas veces que mi intención era mejorar el negocio, nunca perjudicarlo, hacer una mejor aplicación para la gente, nunca algo peor.

Al final, como diseñador siempre termino haciendo lo que otros dicen.

Es así, diseño para otros, no para mí, no para otras diseñadoras ni diseñadores. Eso está bien, pero lo que me tenía inconforme era que terminaba diseñando con los miedos de otros y no con el fervor del riesgo.

Ahora

En Chipax, todo eso ya quedó en el pasado. Ya llevo alrededor de 8 meses aportando con todo lo que tengo a un equipo genial del que cada día solo escucho “sí”, “claro, por qué no”, “me gustaría probar”, “intentémoslo”, “averiguaré como se puede hacer”. Es increíble, de verdad son 8 meses de estar en llamas.

De sufrimiento a paz

Antes

Un día, odié lo que hacía. Odié diseñar. ¡Qué locura! Entonces estudié para otro tipo de roles. Si bien me gusta tomar riesgos, cambiar, empezar de cero una y otra vez. Amo diseñar, dibujar, crear prototipos. Suspiro. No quería dejar de hacerlo para hacer otra cosa.

Terminé aprendiendo a opacar mi “yo proactivo”, porque cada vez que salía a la luz tenía conflictos con “mis superiores”. Algo absurdo. Se supone que un líder te debe alentar a ser más, nunca a ser menos. Ahí es donde encontraba a personas que tenían mucho más ego del que yo creía que tenía. Opaqué mi proactividad para mantener mi trabajo. Así de simple.

Llegué a contar los ahorros que tenía porque estaba pensando en fundar mi propia empresa en la que pudiera diseñar y hacer las cosas bien, según mi visión (que igual compartía con muchas personas que sufrían igual que yo, pero tenían más paciencia).

Una empresa propia en la que pudiera hacer las cosas mejor que en todas esas en donde había trabajado. Un lugar en donde se tratara bien a las personas y no hubiera lugar para las malas intenciones. Algo idílico, pero yo sabía que podía hacerlo mejor y hacer feliz a mucha gente.

Renuncié. Así es. Un día renuncié, pero sin tener otro trabajo. Renuncié y viví de mis ahorros para darme un respiro. Ciertamente podía hacerlo, ya que tenía el dinero para ese lujo. Aún soy joven y ya estaba cansado en ese entonces del entorno laboral de mi amado diseño. Hasta hice planes para irme del país, debía haber un entorno mejor en alguna otra parte.

Ahora

Lo intenté una vez más, antes de armar las maletas. Vi la oferta de trabajo de Chipax que tenía una forma bien especial en su redacción. De algún modo era como si lo hubiera escrito yo.

Postulé y me contactaron de inmediato, al día siguiente me llamaron por teléfono para decirme que mi portfolio de trabajo era genial y les gustaría conocerme. Es la primera entrevista en la que he sido yo mismo, sin máscaras para encajar, hasta hablé de mis dolores personales. Luego tuve una entrevista con el equipo con el que trabajo y sentí como si ya los conociera de antes.

Hoy sigue siendo así, nos conocemos mucho.

Me dieron su confianza desde el primer día, sin cuestionarme, sin pedirme un reporte de mis progresos ni ponerme a prueba en ridículas situaciones, para ver si realmente sabía hacer mi trabajo.

Me dicen que los hago reir, lo pasan bien conmigo y aprenden mucho de mí. ¿Qué mejores piropos que esos?

Ya no tengo que huir, ya no quiero irme. Aquí me quedo. ❤️

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